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"Yo he preferido hablar de cosas imposibles, porque de lo posible se sabe demasiado. (Silvio Rodriguez) ".

Lo que tengo y lo que quiero.

Alcanzar las cosas que uno quiere en la vida no es tarea fácil, ni siquiera objetivo de todos. Muy pocos se plantean metas y sueños y utopías. Hoy miré lo que tengo en la vida y pensé ¿qué quiero? ¿Es esto lo que siempre quise? ¿Hasta dónde uno está preparado para alcanzar los sueños? ¿Qué se hace para cumplir las metas? No objetivos, metas de vida. A eso me refiero.

“Yo amo al que desea lo imposible” (Goethe)

Creo que hay dos tipos de personas: las que se conforman y las que no.

Pero lo que tenemos ¿es parte de lo que queremos? No siempre. Miremos hacia arriba o hacia abajo, la relación entre lo que tenemos/queremos nunca es una relación recíproca que muestre justicia. La repartición está mal hecha desde el principio. No digo solamente en el aspecto material, aunque parece que allí es donde quedan más evidentes los desfazajes.

Sin mirar a lo que tienen o desean a mi costado, siempre he creído que tengo mucho más de lo que merezco. Aunque a veces me doy cuenta que no tengo nada… Y no es que uno vaya por la vida «exigiendo» cosas.

Creo que hay dos tipos de personas: las que se conforman y las que no. Sentirse impotente, disconforme, angustiado porque las cosas no se nos dan tal como las hemos soñado puede ser un acto de egoísmo. Estar a gusto con lo que tenemos puede ser, también, egoísta. ¿Será alguna de esas la posición indicada?

Entre la impetuosidad y el irrespeto de pedirle cada vez más a la vida

Como la mayoría de las personas, yo siempre he estado en esa inestable cornisa entre el conformismo y el anhelo, la impetuosidad y el irrespeto de pedirle cada vez más a la vida. Es así, me gusta soñar y daría la vida por estar escribiendo este post a los pies de la torre Eiffel.

Una amiga dice que ella considera que las cosas buenas que tiene es porque se las merece y las malas son cosas que no. Yo tengo la posición inversa, todo lo bueno que he alcanzado tiene ese gusto de lo inmerecido y lo malo… Pero más allá de eso, ambas coincidimos en que lo imposible, lo inalcanzable, aquello que anhelamos de la vida tiene un por qué, tiene un sentido más allá de que sea posible cumplirlo o no.

Pero, ¿es simplemente negación o capricho querer las cosas imposibles? Porque lo imposible es exigente, pide cada día un poco más. ¿Fuerzas dispersas en la nada o fuerzas efectivas para crear lo nuevo?

Sé algo: el conformismo no tiene causas, no tiene sueños, no tiene motivos, no tiene arte de creación. Vayan ustedes a saber si es mejor…

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