Mares oscuros, flores por doquier, antigüedades llegando a su fin. El señor lee el diario sin preguntarse ¿hay mares oscuros por morir? Lee el diario de su país y no piensa ¿y las flores por doquier? Sólo ve que su vida va pasando como una antigüedad que llega a su fin. No piensa porque no cree que exista el cambio; que él se vaya a salvar. Después de todo, sus alas no han servido para nada ni siquiera para volar, y no hay tormenta en su corazón ¿pero hay paz? No, tampoco. Él desconoce su yo, él se despierta por las noches sin saber cuál fue el motivo. Sólo piensa en que tiene su diario, su radio, su antigüedad. Vive informado sin nociones de belleza, de libre albeldrío, de flores por doquier.
Y la mujer, que espera mientras mira su novela, espera las flores en su jardín, ella no cree que sea una antigüedad, pero ¡Dios! ¡su vida es un mar oscuro! Su vuelo se fue alejando tan pronto, como sus anhelos. Cree que se ha salvado, pero va a morir. No hay paz. No hay paz para nadie. Si ni siquiera mientras escribo puedo ver con aires satisfactorios otra hoja acabada. No es una guerra, ni una pregunta, es pura flores por doquier.

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