Aquí les dejo un texto muy interesante de Atilio Borón.

RESUMEN

En su texto Atilio Borón dice que hay que retornar al marxismo. Es que, lejos de ser un libro cerrado el marxismo es lo que Sheldon Wolin definiera como una “tradición de discurso”. Se entiende, por lo tanto, que si no se recupera la teoría marxista –ese corpus altamente dinámico, históricamente sensible, de interrogantes y certidumbres–, no habrá reconstrucción posible de la ciencia social. Pero, la sola recuperación no basta: también debemos recurrir al psicoanálisis, o a los estudios culturales, o a la lingüística, o bien a la teoría de la complejidad.. En los últimos veinte años comprueba la existencia de un impresionante cúmulo de investigaciones, estudios y monografías en donde se examinan los más diversos aspectos de nuestras sociedades. Sin embargo, por lo general, no ha trascendido el plano de lo descriptivo, ni ha abierto las puertas a nuevas y más fecundas interpretaciones teóricas. La causa: las debilidades de una teoría no se resuelven con la acumulación de datos empíricos ni con la cuidadosa compilación de resultados de investigación.
Las fallas de la teoría sólo se resuelven concibiendo nuevas teorías, de diferentes niveles de
complejidad y extensión, y proponiendo nuevos argumentos que enfoquen, desde otra perspectiva, la realidad que se pretende explicar y, eventualmente, transformar. Debemos, por
esta razón, propiciar una renovación teórica, la posibilidad de pensar al marxismo como una propuesta que contiene dos componentes, separables e independientes: la teoría y el método.
El método propone reproducir, en el plano del intelecto, el desenvolvimiento que tiene lugar en el proceso histórico. La dialéctica deja entonces de ser un inofensivo recurso retórico para devenir en “escándalo y abominación para la burguesía”, y esto por muy fundadas razones: en su “figura racional”, plantea que la historia no es otra cosa que el interminable despliegue de las contradicciones sociales.
La historia no es una caprichosa y azarosa acumulación de acontecimientos sino que, más allá de sus rasgos idiosincrásicos y sus ocasionales desvíos, existe un sentido discernible para el observador que concentre su mirada en las corrientes profundas del proceso. Desde esta perspectiva, la historia es siempre historia de un modo de producción. La dialéctica proclama la inevitable historicidad de todo lo social y, al hacerlo, condena a las instituciones y prácticas sociales fundamentales de la sociedad burguesa.
Por eso, como recordaba Marx, “la dialéctica es, por esencia, crítica y revolucionaria”. Y, por eso mismo, en las ciencias sociales dominadas por las concepciones filosóficas propias de la burguesía –el economicismo, el nihilismo posmoderno, etcétera– la batalla en contra de la epistemología dialéctica es una lucha sin cuartel y sin concesión alguna.
Tres aportes fundamentales del marxismo al estudio de la sociedad. En primer lugar, la importancia decisiva que Marx le asigna al estudio de la totalidad social, por contraposición a la esterilidad de las visiones fragmentadoras y reificadoras de las relaciones sociales, características del pensamiento burgués tanto en su versión convencional como en sus corrientes “científicas”, como la sociología, la economía, la ciencia política y el disperso campo de las ciencias sociales en general.
Sumamos un segundo aporte: una construcción teórica que recupera la complejidad e historicidad de lo social.
Finalmente, la relación entre la teoría y la praxis ocupa un tercer lugar clave en la recuperación de la vitalidad que el marxismo puede insuflar a las languidecientes ciencias sociales. No desconocemos aquello que Perry Anderson denominara “el marxismo occidental”, caracterizado
precisamente por “el divorcio estructural entre este marxismo y la práctica política”. Este divorcio entre teoría y práctica, y entre reflexión teórica e insurgencia popular, cuya integración fuera tan importante en el marxismo clásico, tuvo consecuencias que nos resultan demasiado familiares en nuestro tiempo. El golpe decisivo para volver a reconstituir el nexo teoría-praxis sólo podrá aportarlo la contribución de un marxismo ya recuperado de su extravío “occidental”, y reencontrado con lo mejor de su gran tradición teórica. Las causas de la deserción de los intelectuales del campo de la crítica y la revolución son muchas. En todo caso, digamos que dos de los factores más importantes que la explican se relacionan con la formidable hegemonía ideológico-política del neoliberalismo y el afianzamiento de la “sensibilidad posmoderna”.
La reintroducción del marxismo en el debate filosófico-político contemporáneo –así como en la agenda de los grandes movimientos sociales y fuerzas políticas de nuestro tiempo– sea una de las tareas más urgentes y productivas de la hora.

Lectura de la Unidad I de Teoría Política II.

Borón Atilio: Por el necesario retorno del marxismo

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